jueves, septiembre 24, 2026
Emiliano Schenfelt, creador de contenido, muestra cómo reconocer las estafas que prometen dinero fácil
Por: La redacción

 

Una promesa de ganancia fija alcanza para cerrar la conversación. Emiliano Schenfelt, creador de contenido que analiza noticias económicas, explica las señales que cualquiera puede detectar sin saber de finanzas.

El mensaje llega siempre por los mismos canales y con la misma estructura. Una publicación o un contacto directo que promete ganancias rápidas y seguras, un logo parecido al de una entidad real y, en varios casos, la cara de un economista conocido diciendo cosas que nunca dijo.

Esa descripción no es una impresión personal. La publicó la Comisión Nacional de Valores en diciembre de 2025, en una advertencia al público donde detalla que los estafadores reproducen logos, nombres, dominios de correo y diseños web de entidades reales, y que usan la imagen de figuras públicas o de supuestos expertos para validar la maniobra. Después simulan operaciones y piden transferencias sucesivas bajo pretextos como impuestos, tasas o caídas de la plataforma.

Cuando a Emiliano Schenfelt se le pregunta cómo distinguir una estafa de algo serio, la respuesta arranca por reconocer una trampa. Quien la formula no puede evaluar la calidad técnica de lo que le ofrecen, porque justamente eso es lo que le falta, así que él corre el examen de lugar. No propone mirar lo que ofrecen sino la forma en que lo ofrecen, que es un terreno donde cualquiera puede jugar.

“La primera y más grande: si te prometen un porcentaje fijo de ganancia, ya está, no sigas. Nadie puede garantizar rendimientos, y el que lo hace o no sabe o te está mintiendo.”

Es la primera que menciona Emiliano Schenfelt, y no requiere ningún conocimiento previo. Basta con escuchar si aparece un número prometido de antemano, dicho como si fuera un dato y no una expectativa.

La segunda tiene que ver con el reloj.

“La segunda es el apuro: descuentos que vencen hoy, cupos que se terminan, la urgencia como herramienta. Las decisiones con plata no se toman apuradas.”

La lógica detrás, que Emiliano Schenfelt describe con claridad, es simple. La urgencia no aparece por desorganización del que ofrece algo, aparece porque rinde, y rinde sobre todo con la persona que está dudando, esa que con tres días más de reflexión probablemente diría que no.

La tercera es una ausencia y por eso cuesta más notarla: que nunca aparezca el riesgo en la conversación, ni la posibilidad de perder. El que es serio cuenta las dos partes porque no le queda otra, y el que quiere vender cuenta una sola.

Después llega la que Emiliano Schenfelt pone arriba de todas las demás, y que coincide punto por punto con lo que describe la advertencia oficial.

“Es que te pidan tener el control de tu dinero. Tu dinero tiene que estar en tu cuenta, a tu nombre, y las decisiones las tomás vos.”

Ahí ya no hay matices posibles. Un mal consejo se corrige con otro consejo, incluso tarde, pero una transferencia a la cuenta de un tercero no se corrige con nada, y esa es la diferencia entre una decisión floja y una pérdida.

La quinta señal es la más corta.

“Fórmulas secretas.”

No hay secretos, dice Emiliano Schenfelt, hay trabajo, tiempo y disciplina, y cualquier cosa que prometa saltearse esas tres cosas está vendiendo otra.

Mirando las cinco señales juntas aparece algo que no es obvio al escucharlas por separado. Ninguna exige conocimiento financiero. Todas se detectan escuchando cómo alguien habla y no evaluando lo que propone, así que sirven para la persona que todavía no sabe nada, que es la que más las necesita.

Leída junto a la advertencia de la Comisión Nacional de Valores, la lista de Emiliano Schenfelt funciona como una traducción de la letra oficial al idioma de todos los días. El organismo describe el mecanismo. Él describe cómo suena cuando llega por teléfono.

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