miércoles, septiembre 30, 2026
Tormenta Melissa, una vez más el agua desnudó el caos del tránsito en Santo Domingo
Por: Wendy Berroa Hernández

Las imágenes del Distrito Nacional colapsado bajo la lluvia se repiten una y otra vez: vehículos varados, avenidas convertidas en ríos, ciudadanos atrapados por horas tratando de llegar a sus casas.

Para mí fue algo parecido a un “Déjà vu”,  ayer viví la misma experiencia de noviembre del 2023 con la nube estacionaria y fue motivo de trastorno en el tránsito, inundaciones de las principales calles del distrito, y lo peor estar atrapada en el elevado de la Kennedy por 2 horas.

Con la única diferencia de que en esta ocasión fue la tormenta tropical Melissa,  que no solo trajo lluvias intensas; sino que  dejó al descubierto un problema que tiene años gestándose y continúa igual en pleno 2025: un sistema vial saturado, sin planificación eficiente y con un transporte público que no responde a las necesidades reales de la población.

Miles de dominicanos vivieron el mismo drama: perder tiempo y hasta la calma, en medio de un tráfico paralizado. No fue solo la tormenta. Fue la falta de previsión, de infraestructura adecuada y de coordinación efectiva. Hoy nos espera la misma travesía empleados públicos y privados saldrán a la una de la tarde y será el mismo caos todos juntos saturaran las calles y aunque el cielo está despejado, las predicciones meteorológicas pronostican agua no tan abundante pero lloverá.

Pero hay una salida. Apostar por una movilidad urbana sostenible, con planes de contingencia climática integrados, puede transformar este caos en oportunidad. Se necesita una combinación de acciones:

– Infraestructura pluvial funcional para evitar que cada lluvia se convierta en una crisis.

– Gestión inteligente del tránsito con tecnología en tiempo real y rutas alternas preestablecidas.

– Educación vial ciudadana para fomentar respeto, prudencia y colaboración.

– Fortalecimiento del transporte público colectivo, reduciendo la dependencia del vehículo privado.

Son soluciones concretas, probadas en ciudades con desafíos similares. Quito, Ciudad de México y Medellín enfrentaron tormentas, colapsos y caos, hasta que implementaron estrategias integradas de movilidad y resiliencia urbana.

En República Dominicana ya se están dando pasos: los corredores de la OMSA, el Metro y el Teleférico son ejemplos reales de cómo una visión de transporte colectivo puede aliviar la presión vial. Pero falta integración, coordinación y, sobre todo, voluntad constante para priorizar la vida y el bienestar ciudadano sobre la improvisación y la debida educación vial para los irrespetuosos del tránsito que todos conocemos, autobuses que se suben en los pilotillos o muros que separan las vías, choferes del transporte púbico que no respetan ni tienen conciencia y que en muchos casos son un peligro al volante.

Urgencia

Cada tormenta será una prueba más dura si no se actúa ahora. El cambio climático no espera, y los próximos eventos meteorológicos serán aún más intensos. No se trata solo de tránsito: se trata de seguridad, productividad y calidad de vida.

La tormenta Melissa nos recordó que no podemos controlar la lluvia, pero sí podemos decidir cómo enfrentamos el camino. Es momento de movernos juntos hacia una ciudad más preparada, más humana y verdaderamente en movimiento.

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